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Un problema molecular de escala social

CIENCIA › NEUROEPIGENETICA, LOS NUEVOS ESTUDIOS SOBRE MALNUTRICION MATERNA

Un problema molecular de escala social

Un equipo de investigadores de la UBA liderado por Eduardo Canepa analiza el impacto de las deficiencias proteicas de madres embarazadas en el desarrollo de las habilidades cognitivas y físicas de los niños. El rol de la educación alimentaria y la importancia de los estímulos.

 Por Pablo Esteban

Todo el mundo sabe que las mujeres deben tomar ciertos recaudos durante el embarazo. Una dieta carente de proteínas puede causar efectos negativos, en algunos casos irreversibles, en el crecimiento físico y el desarrollo neurológico de los hijos. Se trata de un precepto que está constituido sobre las sólidas bases que conforman el sentido común y sobre el cual es necesario avanzar si el objetivo es cumplir con el más bello de los propósitos científicos: resolver los problemas de las personas. En esta línea, la neuroepigenética se consolida como un área de estudio, que cruza los aportes de campos como la biología molecular y las neurociencias, y habilita a un análisis integral de conflictos de relevancia social.

Del mismo modo, existe una segunda premisa que también forma parte del fantasmagórico espectro que guía los sentidos sociales: una alimentación saludable es central para que funcione de manera correcta el cuerpo humano. Ahora bien, ¿qué ocurre al discernir este enunciado? ¿Cuáles son las bases moleculares que explican las deficiencias cognitivas de los más pequeños? ¿Qué rol ocupan los diversos ambientes de socialización infantil y el grado de estímulos en la regulación génica? En definitiva, ¿qué conoce la química acerca de los modos de nutrición?

Eduardo Canepa es doctor en Ciencias Químicas y realizó un posdoctorado en el prestigioso Instituto Pasteur de Francia. Conduce, además, el Laboratorio de Neuroepigenética de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, institución en la que se desempeña como profesor de Química biológica y Biología molecular. Aquí, comparte cómo nació su vocación científica cuando era adolescente, describe el modo en que los estudios biológicos comienzan a considerar el análisis de las interacciones sociales y los diversos espacios de socialización, al tiempo que propone un abordaje neuroepigenético para el diseño de estrategias capaces de combatir la malnutrición y las deficiencias proteicas.

–Leí que descubrió su vocación científica cuando era muy joven…

–De niño tenía muchas dudas acerca de lo que me gustaba, sin embargo, cuando cursé 4º año en el colegio secundario tuve la primera experiencia con química y enseguida sentí pasión. Tanto me gustó que me armé un laboratorio en la casa de mi abuela para poder comenzar a realizar investigaciones, precarias pero investigaciones al fin. Contaba con libros viejos que explicaban experimentos sencillos. Todo ello definió mi trayectoria con rapidez. Fue el primer paso, la puerta que debía abrir para poder acceder al mundo de la química.

–Luego de la licenciatura, realizó un doctorado en la UBA y más tarde un posdoctorado en Francia. ¿Cómo fue esa experiencia?

–Mi estadía en el Instituto Pasteur es algo que me enorgullece pero no por mera vanidad, sino porque haber estudiado allí me permitió acceder a una mística muy particular, una forma de trabajar, una disciplina distinguida. Cierto compromiso con la rigurosidad y la investigación que capturó mi espíritu y, por supuesto, también influyó tanto en mi forma de hacer ciencia como en mis maneras pedagógicas.

–Usted conduce el laboratorio de neuroepigenética. Explíqueme qué es eso…

–La epigenética comprende el estudio de todos aquellos factores no genéticos, es decir, componentes que no se encuentran directamente codificados en la secuencia del DNA y que contribuyen al desarrollo de un organismo o bien a la adquisición de sus características particulares. Se trata de modificaciones químicas que se efectúan sobre el propio DNA o bien sobre las proteínas que interaccionan con él –denominadas histonas– que, en última instancia, pueden modificar la expresión de los genes. Es decir, aumentar o disminuir la síntesis de ciertas proteínas, en efecto, moléculas que nos definen como seres humanos al cumplir las funciones del organismo.

–¿Y qué estudia la neuroepigenética?

–Estudia los mecanismos epigenéticos que ocurren en el cerebro. Existen dos tipos de mecanismos epigenéticos. Los primeros –”clásicos”– ocurren desde el momento en que somos concebidos y explican el proceso mediante el cual una célula va diferenciándose y gana complejidad para producir tejido nervioso, hepático, renal, etc. Hasta hace unos diez años, se creía que esta clase era la única. Sin embargo, luego se observó que el ser vivo mientras se forma interacciona con el medioambiente, es decir que atraviesa diversos procesos de socialización.

–Es decir que los estudios genéticos comenzaron a considerar las interacciones sociales como una variable importante…

–Exacto. En esa línea nos enfrentamos a contextos seguros, escenarios saludables o tóxicos, cuidados médicos, educación, etc. Todo eso dispara mecanismos epigenéticos que de acuerdo a nuestras experiencias promueven que se activen o repriman ciertos genes. Ya que no hay dos personas que realicen las mismas experiencias, la expresión de los genes se exhibe de modo diverso en cada quien y eso, finalmente, es lo que hace tan distintos a los seres humanos más allá de compartir el mismo genoma como especie.

–De modo que existe, en el marco del campo de la genética, cierta recuperación por lo social y todas sus implicancias. La centralidad de los escenarios y las dinámicas humanas de interacción. ¿Sería correcto anclar sus estudios en la rama denominada epigenética social?

–Sí, una parte de todo lo que hacemos tiene este anclaje. Un estudio que combina la bioquímica con el examen de las implicancias que se sintetizan en el acervo cultural y que devienen de los contactos del ser humano con sus pares y con el medioambiente. Hay un libro muy ilustrativo que puede resumir todo mediante una frase: a cada cual su cerebro. De ese modo, no existen dos personas con dos cerebros iguales, es decir, con pensamientos, deseos y pasiones idénticas.

–¿Cómo se relaciona esta perspectiva neuroepigenética con su análisis puntual vinculado a la nutrición de mujeres embarazadas y sus efectos en la formación de los bebés?

–En principio, algo que siempre aclaro: nosotros no realizamos estudios basados en nutrición, para ello existen los nutricionistas que pueden recomendar a las embarazadas con mayor idoneidad qué deben comer y qué no. En cambio, nuestro equipo se encarga de examinar las causas, efectos y propiedades químicas de la malnutrición. A diferencia de la desnutrición que implica ingerir pocas calorías de todos los alimentos, la malnutrición se relaciona con la no absorción de todos los nutrientes que son necesarios para un funcionamiento adecuado. En este marco, nos interesamos por el examen de los efectos que produce una alimentación baja en proteínas. Es el componente más caro y, por ello, usualmente, representa el déficit más importante al menos en nuestros países de la región.

–¿Y cómo ingresa la neuroepigenética en todo esto?

–Como comenté, la neuroepigenética analiza las experiencias tempranas. Los hábitos de alimentación, es decir, el modo en que los seres humanos interaccionan con los alimentos, sus hábitos y costumbres, tienen una centralidad que es importante considerar. Afrontar una malnutrición implica sufrir una experiencia temprana adversa que influye a su vez en los mecanismos epigenéticos.

–¿Qué efectos tiene la malnutrición de mujeres embarazadas en el crecimiento de los niños?

–Ocasiona deficiencias cognitivas, problemas de aprendizaje, dificultades de crecimiento. Nosotros buscamos conocer cuáles serían las bases moleculares, los mecanismos epigenéticos y la desregulación génica así como otros factores que se involucran y definen estas problemáticas. Con esto, no vamos a revertir la malnutrición porque cuando la tratamos ya está presente. Por ello lo que procuramos es atenuar sus efectos.

–¿De qué manera ustedes trabajan en el laboratorio?

–Trabajamos con roedores. En principio les suministramos una dieta deficiente en proteínas a las madres de los ratones y observamos las consecuencias que se exhiben en las crías. Es un modelo de malnutrición perinatal –es decir, comprende los períodos inmediatamente anteriores o posteriores al natalicio–. Contamos con tests comportamentales y cognitivos para evaluar si remedan lo que ocurre en humanos, si exhiben trastornos de ansiedad, de depresión, etc.

–¿En qué medida los estudios que realizan en ratones pueden aplicarse a los seres humanos?

–En esa línea ya hemos comenzado a trabajar con el MinCyT e instituciones educativas de diferentes puntos del país para realizar estudios de campo longitudinales. En humanos, lo que es posible hacer es la marcación de los mecanismos epigenéticos a partir de la extracción de saliva y sangre. De modo que la idea es comparar y hallar correlatos entre los procesos genéticos que evidenciamos en ratones y los que hallamos en personas.

–Y una vez que comprueban el correlato, ¿cómo sigue el proceso?

–Se puede revertir esta regulación génica a partir de estímulos medioambientales. En niños sería la promoción de ambientes que promuevan la lectura, es decir, conocer con mayor detalle qué ocurre a nivel molecular cuando aumentan las instancias de estímulos y se modifican sus conductas cognitivas y de aprendizaje.

–¿Qué ocurre si a un niño malnutrido se le suministran las proteínas necesarias a medida que crece? ¿Se producen modificaciones a nivel molecular que mejoran sus posibilidades?

–Se puede modificar porque no se trata de un proceso irreversible, pero requerirá de mecanismos de estimulación cultural y social muy acentuados. Cualquier experiencia temprana adversa que se prolonga hasta los primeros dos o tres años de vida exhibe efectos que se prolongan cuando los individuos alcanzan la adultez. Es bastante drástico y lamentable pero lo indica la realidad.

poesteban@gmail.com

http://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/19-291202-2016-01-27.html

Nota con fecha 27-01-2016

El extraordinario impacto para tu salud de lo que comía tu madre en el embarazo

Miércoles 16 de septiembre de 2015 | 13:32

Nuevos estudios revelan el enorme impacto que la dieta de la madre en el momento de la concepción tiene para la salud de los hijos durante el resto de sus vidas

 

Hace unos meses visité una pequeña aldea en Keneba, Gambia. Allí hablé con un anciano de 90 años, Karamo Touray, que estaba rodeado de sus numerosos hijos y nietos.

Aparte de unas molestias en un dedo del pie, dijo que gozaba de buena salud, y le atribuyó el haber disfrutado de una larga y saludable vida a la voluntad de Alá.

Yo sospecho que además la época del año en la que fue concebido también jugó un papel importante.

MÁS ALLÁ DE LAS FECHAS.

Un equipo del Consejo Británico de Investigación Médica, que ha estado recogiendo datos sobre fechas de nacimientos, matrimonios y muertes en Keneba desde 1940, descubrió hace unos años que en esta parte de Gambia la época del año en la que eres concebido tiene un impacto enorme sobre tus probabilidades de muerte prematura.

Si eres concebido, por ejemplo, en enero, y naces en septiembre, entonces en la edad adulta tendrás siete veces más posibilidades de morir que otra persona concebida en septiembre y nacida en junio.

Así que el efecto es grande, muy grande.

La razón por la que sucede esto no tiene nada que ver con la astrología, pero mucho que ver con el clima, y por lo tanto, con lo que tus padres comían en el momento de la concepción.

CUESTIÓN DE DIETA

Gambia tiene un patrón climático muy inusual y muy estable.

De julio a noviembre, durante la temporada de lluvias, hay precipitaciones casi todo el tiempo. Los otros meses son en general secos.

Durante la época seca la gente come mucho cous cous y arroz y estos granos conforman la mayor parte de la dieta.

Durante la temporada de lluvias consumen menos calorías. De hecho a estos meses les llaman los meses del hambre, sin embargo, gracias a las lluvias, hay muchos más vegetales verdes para comer.

 
Una dieta rica en vegetales de hoja verde durante la gestación puede cambiar para siempre cuán activos los genes del niño van a ser. Foto: Getty
 

Y resulta que, ciertamente en Gambia, la cantidad de vegetales de hoja verde que tu madre (y posiblemente también tu padre) come durante la época de la concepción puede tener un gran impacto para el resto de tu vida.

Lo que me sorprendió realmente no es lo profundo de este impacto, sino que no se active durante muchos años.

Hasta los 15 años no hay diferencias perceptibles entre los niños. Sin embargo después esas diferencias son notables, incluso impresionantes.

Entonces, ¿Qué es lo que ocurre?

EL CASO DE LA HAMBRUNA EN HOLANDA

El hecho de que la dieta de la madre durante el embarazo puede tener un efecto largo y duradero sobre el niño ya era conocido desde hace tiempo.

Uno de los ejemplos más dramáticos de esto es el estudio sobre la hambruna holandesa.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes bloquearon parte de Holanda en respuesta a un ataque del gobierno holandés sobre el ferrocarril.

Para cuando se levantó el bloqueo había llegado el invierno y era imposible conseguir comida.

Durante meses mucha gente tuvo que sobrevivir a base de una dieta de hambre.

La hambruna solo terminó cuando los aliados liberaron a Europa.

Miles de personas murieron durante esa hambruna.

Más tarde se comisionó un estudio para investigar qué le había pasado a los bebés de las mujeres embarazadas durante la hambruna.

 
Mejorar la nutrición durante la gestación puede beneficiar la salud de varias generaciones venideras. 
 

Y lo que descubrieron es que los que eran un pequeño embrión en el momento de la hambruna tenían el doble de probabilidades de desarrollar cardiopatías durante la edad adulta.

También tenían más posibilidades de tener esquizofrenia, obesidad, diabetes, cáncer y enfermedades relacionadas con el estrés.

Y lo más preocupante es que hay evidencias de que esos efectos persistieron en la siguiente generación.

Así que no solo los hijos sino también los nietos de las mujeres que vivieron embarazadas la hambruna desarrollaron peores condiciones de salud en la vida adulta.

Desde una perspectiva más positiva, lo que esto sugiere es que una mejor dieta de una mujer embarazada no solo mejora las vidas de sus hijos sino también las de sus nietos.

O, en las palabras cautas de los autores del estudio: “Esto puede implicar que mejorar la nutrición durante la gestación puede beneficiar la salud de muchas generaciones venideras”.

GENES MÁS ACTIVOS

Igual que la gente en Gambia, el impacto de la hambruna holandesa sobre la edad adulta de los niños que se vieron afectados es probablemente el resultado de cambios genéticos, cambios que ocurrieron en el interior del útero.

Experimentos con animales han demostrado que es posible hacer que los genes de un embrión sean más activos o incluso “apagarlos” totalmente, solo con variar la dieta de la madre.

Obviamente no sería ético probar esto en humanos, pero los estudios conducidos en Gambia ciertamente proveen evidencias convincentes de que estos cambios llamados “epigenéticos” también pueden ocurrir en los humanos en respuesta a un cambio en la dieta.

Evidencian que si durante el desarrollo muy temprano del embrión una mujer tiene una dieta rica en vegetales de hoja verde, esto cambiará para siempre cuán activos los genes del niño van a ser.

 
Es posible hacer que los genes de un embrión sean más activos, sólo con variar la dieta de la madre. 
 

Eso sucede mediante un proceso llamado metilación y los investigadores en Gambia han mostrado recientemente que los bebés concebidos durante la época de lluvias tienen unos niveles de actividad muy diferentes en un gen particular que es importante para la regulación del sistema inmunológico.

“Las variaciones en el estado de metilación en este gen podrían afectar a tu capacidad para luchar contra infecciones virales y también tus probabilidades de sobrevivir a un cáncer como la leucemia o el de pulmón”, dijo Matt Silver, miembro del equipo de investigadores británicos en Gambia.

Así que, si estás pensando en tener un bebé, comer muchos vegetales de hoja verde, que son ricos en vitamina B y folatos (ácido fólico) es una buena recomendación.

También es recomendable tomar suplementos de ácido fólico para reducir el riesgo de defectos en el tubo neural del embrión.

Más en BBC Mundo:

El mapa de los países donde se practican más y menos cesáreas en el mundo.

Hito médico: mujer da la luz gracias a ovarios congelados durante su infancia.

Nota en http://www.lanacion.com.ar/1828375-el-extraordinario-impacto-para-tu-salud-de-lo-que-comia-tu-madre-en-el-embarazo

Embarazo

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Esta presentación fue desarrollada por RSE, Licenciatura en Nutrición de Universidad Maimónides.

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Presenta indicaciones sobre consumo de café, agua, etc. basados en la siguiente bibliografía BIBLIOGRAFIA EMBARAZO RSU

“Pregorexia: Trastorno de la conducta alimentaria en el embarazo”

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Newsletter de Universidad Maimónides, Licenciatura en Nutrición

“Pregorexia: Trastorno de la conducta alimentaria en el embarazo”

  • Autores: Mgt. Marcela Leal, Directora Carrera Licenciatura en Nutrición, Universidad Maimónides
  • Lic. Carla Carrazana, Docente Asignatura Nutrición y Salud Pública, y Metodología de la Investigación. Carrera Licenciatura en Nutrición, Universidad Maimónides

Correo: leal.marcela@hotmail.com

Introducción:

La Presencia de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) durante el embarazo y período posnatal, es una tendencia preocupante. Definimos PREGOREXIA, como el trastorno alimentario que fomenta excesivamente la delgadez durante el embarazo.

Hay dos tipos de Pregorexia. Uno en mujeres con anorexia previa al embarazo, que presentan antecedentes de este trastorno de muchos años y durante el periodo de gestación cintinúan padeciéndolo, y en segundo lugar las mujeres sin antecedentes, donde desarrolla la pregorexia durante la etapa de gestación sin tener antecedentes previos, caracterizada por una obsesión por la ingesta y figura que implica una ingesta de alimentos por debajo de los niveles calóricos y nutricionales recomendados para el embarazo (ALUBA, 2010).

El National Collaborating Centre for Mental Health (2007) sugiere que la edad pico de prevalencia de los trastornos de la alimentación se encuentra en la edad fértil , focalizando que las mujeres embarazadas con trastornos de la conducta alimentaria requieren ser cuidadosamente monitoreadas a lo largo del embarazo y en el posparto. Investigaciones señalan que, 3 de cada 100 mujeres podrían presentar un  Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) factible de diagnosticar durante el embarazo, mientras que si se trata de un cuadro alimentario subclínico, las cifras alcanzarían aproximadamente hasta el 15% (Chizawsky et al, 2006; Pui-YeeLai B et al, 2005).

Se advierte que el impacto de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) sobre el embarazo, produce consecuencia negativas prenatales y posnatales para la madre y el feto (Behar RA, et al, 2008). Las preocupaciones más comunes manifestadas por ellas son el miedo a perder el control sobre el aumento de peso durante el embarazo. A su vez la personalidad de las mujeres con afecciones alimentarias puede impedir la adquisición de un rol maternal adecuado, ya que la madurez necesaria para la maternidad puede contribuir al advenimiento de ansiedades y temores (Graner D et al, 1982) sumado a interacciones problemáticas en la alimentación de sus hijos y que tienden a estar más preocupadas por el peso y la forma de su hijo.

Complicaciones del embarazo en mujeres con TCA

Un estudio exhaustivo de la literatura especializada, desde la década de los 80 (1982) hasta el 2011 demostró que mla mayor parte de la evidencia indica que la presencia  de un TCA durante la gestación puede generar múltiples secueles, tanto fetales como maternas (Behar Astudillo R, 2013).

Complicaciones fetales

  • Anormalidades faciales congénitas
  • Menores puntajes de Apgar de cinco minutos
  • Bajo peso de nacimiento: Los recién nacidos de madres con trastornos alimentarios tienen un peso medio más bajo que los controles. Peso de los lactantes se asoció con el conflicto durante las comidas y las preocupaciones de las madres acerca de su propio peso (Stein, Woolley, Cooper y Fairburn, 1994).
  • Tasas más altas de aborto.
  • Menor circunferencia craneana y microcefalia.

Mayor riesgo de parto por cesárea y de prematuridad en mujeres con AN (Anorexia Nerviosa) que en el grupo sin TCA (Bulik, 2008; Franko DL, 2001): Un estudio realizado en Hospital Central de Massachusetts obtuvo que el número de cesáreas fue significativamente mayor en los sujetos sintomáticos (X2 = 5,14, df = 1,p = 0,04 prueba exacta de Fisher) y la depresión postparto se produjo en 10 (45,5%) de los 22 sujetos sintomáticos y 7 (29,2%) de los 24 sujetos asintomáticos (Debra L, 2001).

  • Defectos del tubo neural.
  • Mayor mortalidad perinatal.
  • Menor crecimiento.

Mientras que la madre puede padecer de alteraciones metabólicas, infecciones, además de depresión y ansiedad. La mayoría de estos informes coincide en que los hallazgos descritos probablemente obedecen a la inadecuada oferta de nutrientes esenciales para el apropiado crecimiento fetal y al eventual uso de laxantes, diuréticos o supresores del apetito con potenciales efectos teratogénicos.

Repercusiones posparto

Los pacientes con TCA en el periodo posparto poseen varias aprensiones, fundamentalmente en torno a la alimentación del bebpe, el vínculo materno-infantil y la adaptación a la etapa posparto. Los hallazgos sugieren que la transición a la maternidad es un periodo de stress importante que puede precipitar o exacerbar el TCA (Behar Astudillo R, 2013). Asociación entre trastornos de la alimentación materna y emocionalidad negativa infantil y de inquietud: Esto debe deberse a la depresión materna en madres con transtornos de la alimentación que puede influir negativamente en su percepción de sus hijos (Renouf AG and Kovacs M, 1994).

Las señales de alerta

  • Reducción del consumo de alimentos.
  • Rechazo de su cuerpo.
  • Rechazo de su embarazo.
  • Ejercicio excesivo.
  • Obsesión con su peso.
  • Bajo peso durante el embarazo.

Conclusión

Es importante entender que los trastornos de la alimentación deben ser vistos como de alto riesgo y monitoreados de cercam, tanto durante como después del embarazo para optimizar los resultados maternos y fetales (Debra, 2011). El diagnóstico precoz de un TCA durante el embarazo podría ayudar a identificar factores modificables que influyen en el resultado, como el consumo de tabaco, la alta ganancia de peso durante la gestación, la ingesta compulsiva, características de pacientes con trastorno por atracón o la baja ingesta característica de anorexia nerviosa. (Bolaños Ríos P, 2009).

Bibliografía

  • Behar Astudillo Rosa. Trastornos de la conducta alimentaria, embarazo y puerperio. MéD. UIS. 2013; 26(1):21-8.
  • Behar A Rosa, González A Javier, Ariza P Mario, Aguirre S Andrea. Trastornos de la Conducta Alimentaria en mujeres embarazas controladas  en Atención Primaria. Rev. chil. obstet. ginecol. (revista en la internet). 2008 (citado 2013 Dic 19); 73(3): 155-162
  • Chizawsky L, Newton M Eatingdisorders. Identification and Treatment in Obstetricalpatients. AWHONN Lifelines. 2006;10(6): 482-88.
  • Debra L. Franko Ph.D., Marcos A Blais, Doctora en Psicología, Anne E. Becker, MD, Ph.D., Sherrie Selwyn Delinsky, BA; Dara N. Greenwood, BA; Andrea T. Flores; M.Ed.; Elizabeth R. Ekeblad, BA;  Kamryn T. Eddy, BA; David B. Herzog, MD. Complicaciones del embarazo y neonatales en mujeres con trastornos de la alimentación. Am J Psychiatry 2001; 158:1461-1466. doi: 101166/appi.ajp.158.9.1461.
  • Garner D. Olmstead M, Bohr I, Garfinkel P. Theeatingattitudes test: psychometricfeatures and clinicalcorrelates. PsycholMed. 1982;12:871-8.
  • National Collaborating Centre for Mental Health. Royal College of Psychiatrists’ Research and Training Unit 4th Floor, Standon House, 2007.
  • Patricia Bolaños Ríos. La importancia de la alimentación en el embarazo. Su significado en trastornos de la conducta alimentaria. Trastornos de la Conducta Alimentaria: 10 (2009) 1069-1086.
  • Pui-YeeLai, B So-KumTang C, Kwok-LaiTse W. Prevalence and psychosocialcorrelates of disordered eating among Chinese pregnant in Hong Kong. EatDisord 2005; 13:171-86.
  • Renouf AG, M. Kovacs. Concordancia entre informes de las madres y los auto-informes de los síntomas depresivos de los niños: Un estudio longitudinal. Revista de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente de 1994;  33.:208-16 ()

 

Links con actualizaciones sobre embarazo y lactancia materna

· Portal “VAMOS A CRECER” creado en Octubre 2013 por el Ministerio de Salud.

Artículo sobre Portal Vamos a Crecer

·  Artículo publicado por la SAP en el año 2013, respecto a la Comparación del riesgo de contaminación de la leche materna extraída en una unidad de cuidados intensivos neonatales y en el hogar,

Artículo SAP

·  El taller: lactancia materna en los primeros años. Curso de Actualización Pediatría 2013. Madrid: Exlibris Ediciones; 2013. p. 469-81.

Taller: lactancia materna en los primeros años

·  Manual implementación clínicas de lactancia materna y desarrollo escenario hospitalario. Robert Moya Vásquez, 2012. Costa Rica.

Manual implementación clínicas de lactancia materna y desarrollo escenario hospitalario

·  Manual de Capacitación: consejería en LACTANCIA MATERNA curso de capacitación confeccionado por la OPS, el Ministerio de Salud  y Unicef.

Manual de Capacitación

·  Lactancia Materna: madre con enfermedad tratada con medicamentos. Evidencias y recomendaciones. Instituto Mexicano de seguro social. 2013

Lactancia materna: madre con enfermedad tratada con medicamentos

·  Maternidad en la niñez 2013, informe  producido por la División de Información y Relaciones Externas del UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas

Maternidad en la niñez 2013

Presentación de Universidad Maimónides en evento Caminos y Sabores – 2013

Universidad de Maimónides presentó temas relacionados con la alimentación en el embarazo, lactancia materna y alimentación en niños hasta los 2 años.

PDF Charla Emb-Lac-Niño.

Capital Federal-20130708-00173