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El extraordinario impacto para tu salud de lo que comía tu madre en el embarazo

Miércoles 16 de septiembre de 2015 | 13:32

Nuevos estudios revelan el enorme impacto que la dieta de la madre en el momento de la concepción tiene para la salud de los hijos durante el resto de sus vidas

 

Hace unos meses visité una pequeña aldea en Keneba, Gambia. Allí hablé con un anciano de 90 años, Karamo Touray, que estaba rodeado de sus numerosos hijos y nietos.

Aparte de unas molestias en un dedo del pie, dijo que gozaba de buena salud, y le atribuyó el haber disfrutado de una larga y saludable vida a la voluntad de Alá.

Yo sospecho que además la época del año en la que fue concebido también jugó un papel importante.

MÁS ALLÁ DE LAS FECHAS.

Un equipo del Consejo Británico de Investigación Médica, que ha estado recogiendo datos sobre fechas de nacimientos, matrimonios y muertes en Keneba desde 1940, descubrió hace unos años que en esta parte de Gambia la época del año en la que eres concebido tiene un impacto enorme sobre tus probabilidades de muerte prematura.

Si eres concebido, por ejemplo, en enero, y naces en septiembre, entonces en la edad adulta tendrás siete veces más posibilidades de morir que otra persona concebida en septiembre y nacida en junio.

Así que el efecto es grande, muy grande.

La razón por la que sucede esto no tiene nada que ver con la astrología, pero mucho que ver con el clima, y por lo tanto, con lo que tus padres comían en el momento de la concepción.

CUESTIÓN DE DIETA

Gambia tiene un patrón climático muy inusual y muy estable.

De julio a noviembre, durante la temporada de lluvias, hay precipitaciones casi todo el tiempo. Los otros meses son en general secos.

Durante la época seca la gente come mucho cous cous y arroz y estos granos conforman la mayor parte de la dieta.

Durante la temporada de lluvias consumen menos calorías. De hecho a estos meses les llaman los meses del hambre, sin embargo, gracias a las lluvias, hay muchos más vegetales verdes para comer.

 
Una dieta rica en vegetales de hoja verde durante la gestación puede cambiar para siempre cuán activos los genes del niño van a ser. Foto: Getty
 

Y resulta que, ciertamente en Gambia, la cantidad de vegetales de hoja verde que tu madre (y posiblemente también tu padre) come durante la época de la concepción puede tener un gran impacto para el resto de tu vida.

Lo que me sorprendió realmente no es lo profundo de este impacto, sino que no se active durante muchos años.

Hasta los 15 años no hay diferencias perceptibles entre los niños. Sin embargo después esas diferencias son notables, incluso impresionantes.

Entonces, ¿Qué es lo que ocurre?

EL CASO DE LA HAMBRUNA EN HOLANDA

El hecho de que la dieta de la madre durante el embarazo puede tener un efecto largo y duradero sobre el niño ya era conocido desde hace tiempo.

Uno de los ejemplos más dramáticos de esto es el estudio sobre la hambruna holandesa.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes bloquearon parte de Holanda en respuesta a un ataque del gobierno holandés sobre el ferrocarril.

Para cuando se levantó el bloqueo había llegado el invierno y era imposible conseguir comida.

Durante meses mucha gente tuvo que sobrevivir a base de una dieta de hambre.

La hambruna solo terminó cuando los aliados liberaron a Europa.

Miles de personas murieron durante esa hambruna.

Más tarde se comisionó un estudio para investigar qué le había pasado a los bebés de las mujeres embarazadas durante la hambruna.

 
Mejorar la nutrición durante la gestación puede beneficiar la salud de varias generaciones venideras. 
 

Y lo que descubrieron es que los que eran un pequeño embrión en el momento de la hambruna tenían el doble de probabilidades de desarrollar cardiopatías durante la edad adulta.

También tenían más posibilidades de tener esquizofrenia, obesidad, diabetes, cáncer y enfermedades relacionadas con el estrés.

Y lo más preocupante es que hay evidencias de que esos efectos persistieron en la siguiente generación.

Así que no solo los hijos sino también los nietos de las mujeres que vivieron embarazadas la hambruna desarrollaron peores condiciones de salud en la vida adulta.

Desde una perspectiva más positiva, lo que esto sugiere es que una mejor dieta de una mujer embarazada no solo mejora las vidas de sus hijos sino también las de sus nietos.

O, en las palabras cautas de los autores del estudio: “Esto puede implicar que mejorar la nutrición durante la gestación puede beneficiar la salud de muchas generaciones venideras”.

GENES MÁS ACTIVOS

Igual que la gente en Gambia, el impacto de la hambruna holandesa sobre la edad adulta de los niños que se vieron afectados es probablemente el resultado de cambios genéticos, cambios que ocurrieron en el interior del útero.

Experimentos con animales han demostrado que es posible hacer que los genes de un embrión sean más activos o incluso “apagarlos” totalmente, solo con variar la dieta de la madre.

Obviamente no sería ético probar esto en humanos, pero los estudios conducidos en Gambia ciertamente proveen evidencias convincentes de que estos cambios llamados “epigenéticos” también pueden ocurrir en los humanos en respuesta a un cambio en la dieta.

Evidencian que si durante el desarrollo muy temprano del embrión una mujer tiene una dieta rica en vegetales de hoja verde, esto cambiará para siempre cuán activos los genes del niño van a ser.

 
Es posible hacer que los genes de un embrión sean más activos, sólo con variar la dieta de la madre. 
 

Eso sucede mediante un proceso llamado metilación y los investigadores en Gambia han mostrado recientemente que los bebés concebidos durante la época de lluvias tienen unos niveles de actividad muy diferentes en un gen particular que es importante para la regulación del sistema inmunológico.

“Las variaciones en el estado de metilación en este gen podrían afectar a tu capacidad para luchar contra infecciones virales y también tus probabilidades de sobrevivir a un cáncer como la leucemia o el de pulmón”, dijo Matt Silver, miembro del equipo de investigadores británicos en Gambia.

Así que, si estás pensando en tener un bebé, comer muchos vegetales de hoja verde, que son ricos en vitamina B y folatos (ácido fólico) es una buena recomendación.

También es recomendable tomar suplementos de ácido fólico para reducir el riesgo de defectos en el tubo neural del embrión.

Más en BBC Mundo:

El mapa de los países donde se practican más y menos cesáreas en el mundo.

Hito médico: mujer da la luz gracias a ovarios congelados durante su infancia.

Nota en http://www.lanacion.com.ar/1828375-el-extraordinario-impacto-para-tu-salud-de-lo-que-comia-tu-madre-en-el-embarazo

Nota: El pan nuestro de cada día

En el país, seis de cada diez adultos tienen sobrepeso u obesidad. En la niñez y la
adolescencia, la problemática abarca al 40 por ciento. En la cuestión de la alimentación
sobran los diagnósticos. Y todos apuntan a una misma realidad: resulta alarmante el avance
de los kilos de más, en especial entre las familias más pobres. Por eso, las OSC y el Estado
apuestan a la educación nutricional y al cambio de hábitos, sobre todo en los chicos.

6-19 Nota de tapa

Revista del Tercer Sector

En la página 16 nuestro folleto sobre alimentación saludable

folleto alim saludable e higiene

Derecho a una alimentación adecuada en la infancia

Derecho a una alimentación adecuada en la infancia

Niños, niñas y adolescentes entre 2 y 17 años en la Argentina urbana

Observatorio de la Deuda Social Argentina, UCA

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Embarazo

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Esta presentación fue desarrollada por RSE, Licenciatura en Nutrición de Universidad Maimónides.

presentacion embarazo

Presenta indicaciones sobre consumo de café, agua, etc. basados en la siguiente bibliografía BIBLIOGRAFIA EMBARAZO RSU

Comedores escolares: exceso de calorías y déficit de nutrientes

Alimentación / Estudio en 61 escuelas de cinco provincias
Por Nora Bär | LA NACION

El telón de fondo es una epidemia rampante de sobrepeso y obesidad que afecta a alrededor de 40% de los chicos argentinos, sumada a déficits de micronutrientes como el calcio, el hierro y las vitaminas A y C. En ese contexto, el comedor escolar podría ser un servicio estratégico para complementar la alimentación infantil e infundir buenos hábitos de nutrición.

Sin embargo, una investigación del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea) y las cátedras de Política Alimentaria y Evaluación Nutricional de la Escuela de Nutrición de la UBA, firmada por Sergio Britos, Agustina Saraví y Nuria Chichizola, indica que, en lugar de enriquecer, la alimentación refuerza la monotonía alimentaria y aumenta el consumo de calorías “vacías”, con una sobrecarga de azúcares agregados.

“Los almuerzos abundan en harinas muy refinadas, el 60% de las hortalizas que ofrecen son tomate enlatado y hay un déficit de fruta y leche”, dijo Britos, director del Cepea. Los investigadores también constataron que casi la mitad de las calorías de baja calidad nutricional y de los azúcares agregados de la dieta infantil provienen de la escuela.

Los menúes registrados por 23 encuestadores revelan que las principales fuentes alimentarias de la comida que se sirve en la escuela “se concentran en diez categorías: pan, carnes, productos «indulgentes», galletitas, pastas y arroz, bebidas e infusiones azucaradas, harinas y papa, aceites, azúcares, dulces y leche aportan, en ese orden, el 85% de la ingesta energética total”, escriben los autores. Los mismos alimentos aportan el 92% de las calorías de desayunos y almuerzos.

En el estudio, “sólo un 20% de los escolares comió en la escuela más de 100 gramos de frutas (una unidad chica) y un 8%, hortalizas -detalla Britos-. La mitad de las calorías que ingieren se originan en derivados de harinas refinadas y hortalizas feculentas”.

El primero de los trabajos que arrojan estos resultados se realizó en el municipio de Tigre entre abril y junio de 2011. El segundo, que recolectó la información entre junio y octubre del año pasado, fue un estudio multicéntrico en las ciudades de Buenos Aires, La Plata, Gualeguaychú (Entre Ríos), Córdoba y Salta. La muestra incluyó 61 escuelas y 1108 escolares de quinto y sexto grado. Aunque no tiene alcance estadístico como para extrapolarlos a todo el país, ofrece pistas que merecen ser tenidas en cuenta; especialmente porque, a pesar de la diversidad de sistemas y gestión de los servicios en cada una de las provincias (ver aparte), otros estudios describen realidades similares.

Según un informe reciente del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), 11.500 escuelas públicas ofrecen desayuno, almuerzo y merienda (o alguna combinación de estas prestaciones) a 4,5 millones de chicos. El trabajo llega a la conclusión de que no siempre se cumplen las condiciones para garantizar comidas de calidad.

“Lo que más nos llamó la atención es la cantidad de azúcar de los desayunos -dice Britos-. Es por lejos el nutriente que más se encuentra en exceso en la dieta argentina y también en la de los escolares. Es mucho más problemático el exceso de azúcar que el de grasa. Además, hay déficits notorios de leche. Nosotros encontramos que el 40% de los chicos va a la escuela sin desayunar, y de los que sí lo hacen en su casa el 60% no toma leche. El 99% de los desayunos es inadecuado por su alto aporte en azúcares y la mitad de las calorías que ofrecen son dispensables.”

Otra sorpresa fue que un 26% de los chicos que comen en la escuela vuelven a hacerlo en su casa. “Es común escuchar que si no fuera por la escuela los chicos de hogares vulnerables no comerían, y la verdad es que no es así -aclara Britos-. En nuestro estudio, el porcentaje de chicos que comen las raciones más significativas fuera del hogar es mínimo, no supera el 4 o 5%. Es decir, la ingesta significativa se da en la casa y no en la escuela.”

ANTINUTRIENTES

La doctora Rosa Labanca, docente de la UBA y directora del Centro de Asistencia, Docencia e Investigación de la Sociedad Argentinade Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota), coincide: “No es necesario haber participado en el estudio para advertir que los chicos comen mayormente alimentos que no son nutrientes; son «antinutrientes», porque un exceso de carbohidratos interfiere con la absorción de vitaminas -afirma-. Basta con saber que ciertas galletitas tienen un 46% de azúcar en su elaboración para explicarse la obesidad prematura y la aparición de enfermedades metabólicas en los chicos. Es necesario regular bien la comida que se ofrece en la escuela.”

Para el doctor Silvio Schraier, ex presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición, los resultados de estos estudios avalan lo que se ve diariamente en el consultorio.

“La obesidad y el sobrepeso infantil son cada vez más frecuentes -dice Schraier-. También las enfermedades asociadas, como la diabetes tipo II, que antes sólo se veía en adultos y hoy está apareciendo también en chicos.”

Según el director de la carrera de médicos especialistas en Nutrición de la UBA en el Hospital Italiano, las deficiencias de la alimentación escolar no se deben solamente a falta de recursos, de conocimiento o problemas logísticos, sino también a hábitos muy instalados en la sociedad: “Si uno pone un plato de pastas, papas o arroz, la mayoría va a terminar comiendo; en cambio, una ensalada es más rechazada y hasta se presta a burlas”, comenta.

Y enseguida agrega: “Sin embargo, hay experiencias exitosas, como la que viene haciéndose en Rosario, donde desde hace cuatro años se impulsan los quioscos saludables y les fue tan bien que hasta los chicos los reclaman. Éste es un problema que excede a un gobierno, a las empresas e incluso a las familias. Requiere un esfuerzo mancomunado y una educación colectiva. Lleva mucho tiempo instalar buenos hábitos alimentarios”.

“Prima la idea de que hay que dar de comer -concluye Britos- y cuanto más, mejor. Así nos va.”.

http://www.lanacion.com.ar/1715789-comedores-escolares-calorias-de-mas-y-deficit-de-nutrientes

Sociedad › El estres materno y la inseguridad alimentaria contribuyen a aumentar los casos de obesidad infantil

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El estudio sobre obesidad infantil fue realizado entre niños que asisten a dos salas municipales marplatenses.

SOCIEDAD › EL ESTRES MATERNO Y LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA CONTRIBUYEN A AUMENTAR LOS CASOS DE OBESIDAD INFANTIL

A comer y comer que se acaba el mundo

Un estudio publicado por la Sociedad Argentina de Nutrición determinó que en familias en las que las madres presentan signos de estrés, se duplicó la obesidad infantil. Sostiene que las conductas compulsivas de los padres alteran las señales de saciedad en los niños.

Un estudio realizado en Mar del Plata encontró que, en familias donde las mamás presentaban signos de estrés, la proporción de chicos con obesidad se duplicaba. En estas familias, casi el 20 por ciento de los hijos resultó obeso. Los investigadores también midieron la “inseguridad alimentaria” –la carencia de alimento o el temor a esa carencia– y encontraron que, en familias que la han padecido, cuando su situación económica mejora y cuentan ya con la posibilidad de alimentar bien a los hijos, ahí tiende a aumentar la obesidad, “como si la madre se dijera: ‘Vamos a aprovechar y comer porque no sabemos si esto puede revertirse’”. Estos datos se generan en el contexto de un grave aumento de la obesidad infantil: especialistas advierten que los primerísimos años de la vida definen la obesidad futura y que “hay conductas compulsivas de los padres que conducen a alterar las señales de saciedad del niño”. En cuanto a los pediatras, es esencial que en esos años detecten precozmente el sobrepeso infantil, para lo cual hay nuevas pautas de examen clínico.

El trabajo “Inseguridad alimentaria, estrés materno y sobrepeso en niños que asisten a dos salas municipales” fue realizado por Sergio Scacchia, María Belén Ferrari, Leandro Leoni y Paula Rodríguez, y publicado en la revista Actualización en Nutrición, de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN). Los investigadores tomaron una muestra de 90 niños de entre 1 y 18 años de edad, y consideraron dos variables: la inseguridad alimentaria –es decir, el grado en que la familia carece de suficiente alimento o teme carecer en el futuro– y el grado de estrés de la madre, en función de factores físicos, mentales, financieros y familiares. La proporción de chicos obesos fue del 9,89 por ciento en los hogares sin estrés y subió al 18,68 por ciento en los hogares con estrés. En cambio, no se encontró correlación entre inseguridad alimentaria y sobrepeso. La investigación concluye que “la detección y atención de los factores de estrés materno en familias de bajos ingresos redundaría en un beneficio para los niños”.

Sergio Scacchia –autor principal del trabajo, investigador en la Universidad Fasta y en las universidades Cemic y de Belgrano– explicó que “para medir el estrés materno utilizamos un cuestionario validado internacionalmente, con preguntas que incluyen lo económico y lo familiar, caracterizando distintas variables que globalmente se califican como estrés materno. Y para medir la inseguridad alimentaria consideramos dos dimensiones. Una es la inseguridad alimentaria percibida: si la familia no tiene un horizonte de ingreso seguro, si siente que en algún momento no contaron con suficientes alimentos. La segunda dimensión se obtiene de un parámetro objetivo, que es comparar los ingresos familiares con el índice de pobreza”.

Scacchia señaló que “el trabajo permite detectar una especie de brecha: cuando hogares que han vivido bajo inseguridad alimentaria empiezan a sentir mayor seguridad, entonces es cuando el estrés de la madre se correlaciona más claramente con la obesidad en los chicos. No sabemos con certeza por qué; una hipótesis es que, cuando cede la inseguridad alimentaria, la madre se diga algo así como: ‘Vamos a aprovechar y comer porque no sabemos si la situación puede revertirse’”.

Más allá de esto, “encontramos, tanto en los chicos como en sus madres, más proporción de sobrepeso y obesidad de la que habíamos supuesto”.

Esteban Carmuega, director del Cesni (Centro de Estudios en Nutrición Infantil), comentó que “en la Argentina, como en gran parte del mundo, la obesidad acompaña un fenómeno de transición epidemiológica: en un primer período de esta transición se da una mayor prevalencia de obesidad en los grupos sociales más opulentos; en estadios avanzados de esta transición, la obesidad prevalece en los estratos sociales más bajos. Y hay datos de que hoy, en la Argentina, la obesidad en estratos bajos se observa en las mujeres en edad fértil: sus embarazos cursan con mayor obesidad”.

Carmuega precisó que “según una recopilación efectuada por el Cesni, que reúne investigaciones efectuadas en distintos lugares del país en los últimos cinco años, el 20 por ciento de los niños y adolescentes y el 40 por ciento de los escolares padecen sobrepeso. Se observa que el inicio del exceso de peso sucede a más temprana edad, por debajo de los seis años: muchos de los factores condicionantes se instalan en los primeros años de la vida”.

“La incorporación de alimentos a partir del sexto mes de vida –advirtió el titular del Cesni– no sólo conforma la calidad y variedad en los hábitos alimentarios para cuando el niño llegue a la adultez sino que ésa es la etapa en que el niño aprende, o no, a respetar las señales de la saciedad. No es sólo la composición de los alimentos sino la manera en que la madre actúa con el niño: hay conductas compulsivas que conducen a alterar las señales de saciedad en el niño. El funcionamiento de los centros cerebrales que regulan la cantidad ingerida se configura por aprendizajes tempranos. Un factor de riesgo de obesidad se instala, por ejemplo, cuando se lo obliga al nene a comer todo lo que hay en el plato, aun cuando ha manifestado de algún modo que ya fue suficiente para él.”

Otro factor de riesgo es “la incorporación temprana de la preferencia por lo dulce –señaló Carmuega–. Todos nacemos con predisposición natural al sabor dulce, lo cual tiene la función biológica de que aceptemos la leche materna. El gusto por los demás sabores se desarrolla por aprendizaje. Pero este aprendizaje puede resultar distorsionado por la insistencia en alimentos dulces y muy especialmente cuando se asocia el sabor dulce con la gratificación. Por supuesto no se trata sólo de la madre. Si el papá llega habitualmente del trabajo con golosinas, si los abuelos vienen con los bolsillos llenos de caramelos, si la familia consume habitualmente bebidas azucaradas en la mesa, entonces se va estableciendo un umbral más alto para el estímulo dulce, y el niño quedará más expuesto a un consumo excesivo de azúcar durante el resto de su vida”.

LINK A LA NOTA

Enfoques Socioculturales de la alimentación – Laura Piaggio – Andrea Mónica Solans

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Nueva publicación – Bibliografía para equipos de Salud: Enfoques socioculturales de la alimentación, Laura Raquel Piaggio – Andrea Mónica Solans

 

 

Los comedores escolares padecen graves problemas

El Cippec detectó fallas en su gestión y falta de inversiones adecuadas

Por Silvina Premat  | LA NACION

Propuestas. El estudio no sólo cuestiona la situación, sino que plantea modificaciones en el actual sistema del manejo de la alimentación para escolares.

1865101w300Un grave déficit en la gestión de los comedores escolares de todo el país, donde cada día se alimentan 4,5 millones de alumnos, fue revelado ayer por uncrítico informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec). Entre otras irregularidades, los investigadores detectaron que los comedores, en gran parte de la Argentina, son gestionados por personal sin formación específica y, a menudo, es el director de la escuela quien compra los alimentos y los traslada en su propio auto.

En un contexto en el que el 40% de los niños sufre sobrepeso por mala alimentación, del informe se deduce que comer todos los días no garantiza una alimentación de calidad. Durante la investigación, los técnicos del Cippec registraron casos de intoxicación por alimentos en mal estado y constataron falta de inversión adecuada y de transparencia en la gestión de fondos por parte de las administraciones provinciales.

Por eso, dijo Cecilia Veleda, una de las investigadoras del Programa de Educación de ese organismo, no pudieron acceder fehacientemente a un inversión por ración promedio a nivel nacional.

De acuerdo con afirmaciones de algunos funcionarios que sí les dieron a conocer las inversiones y a declaraciones periodísticas de otros, el informe del Cippec estima que se invierten entre $ 1,98 y $ 22 por almuerzo y de $ 1,20 a $ 3 por el desayuno cuando la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires, en noviembre último, dijo que el costo de una alimentación saludable era de $ 9,5 para un almuerzo y $ 5 para un desayuno.

“Tampoco el valor de la Escuela de Nutrición debería ser considerado definitivo porque fue estimado para la ciudad de Buenos Aires y el conurbano. En las jurisdicciones del Sur, por ejemplo, ese valor debe ser mayor”, indicó Veleda, para quien la inversión en el servicio alimentario escolar es “insuficiente, poco transparente y fluctuante” y “no siempre está garantizado”.

El estudio, realizado junto con la Fundación Danone y la empresa Knorr, registra también que muy pocas provincias tienen personal rentado para este servicio. Los cocineros, que deben preparar comidas nutritivas y sabrosas con presupuestos escasos, suelen ser miembros de la cooperadora o voluntarios sin preparación específica.

De ahí que la Federación Argentina de Graduados de Nutrición sugiere incorporar un licenciado en nutrición cada 25-30 escuelas urbanas y cada 15 escuelas rurales. Además, en la mayoría de los casos la atención de los chicos está a cargo de docentes que no reciben salario adicional ni una ración de comida, dice el informe “Comer en la escuela: nueve acciones para mejorar la gestión de los comedores escolares”.

Veleda añadió que la intención del estudio fue identificar buenas prácticas que puedan ser imitadas. Es el caso de Santa Fe y Mendoza. “Santa Fe tiene un ecónomo escolar a cargo de compra de insumos y rendición de gastos, y Mendoza tiene cocineros para la preparación de las comidas y asegura capacitaciones permanentes”, agregó.

Se determinó que el modelo de gestión del comedor que descansa sobre los hombros de directivos, docentes y padres es el más generalizado. En nueve de las 19 jurisdicciones analizadas la compra y distribución de insumos es responsabilidad de la comunidad educativa. “Este modelo disminuye el tiempo que los directores dedican a las tareas pedagógicas y propicia las desigualdades entre las escuelas”, advierte el documento.

En cinco provincias la administración del gobierno licita y controla el servicio, que queda en manos de empresas según diversos esquemas de tercerización.

Para optimizar los precios y garantizar la calidad de los insumos los investigadores sugieren difundir un modelo de gestión municipal como implementan Buenos Aires y Río Negro. Propician el modelo mixto que aplican otras tres provincias, donde la compra y distribución de los insumos recaen sobre las escuelas o sobre la administración central, a través de empresas, según los contextos u otras variables.

Se registró también que en los últimos 15 años hubo una ampliación del servicio escolar del desayuno, que hoy cubre un 60% de los alumnos de establecimientos públicos. “Esto es una evolución positiva si se considera que en la Argentina la mayoría de las familias, independientemente de su situación económica, ha perdido el hábito del desayuno cuando en realidad es fundamental. El servicio alimentario aporta elementos nutricionales y la educación en este ámbito de las nuevas generaciones”, planteó Veleda. La investigadora recordó que con la generalización de la jornada escolar extendida, que establece la ley de educación y no se cumple según lo planificado, “el comedor será incorporado como parte de la oferta pedagógica”.

Los comedores escolares se multiplicaron en la década del 80, cuando comenzaron los primeros signos socioeconómicos del quiebre que sufrió la economía argentina a mitad de los 70. De ahí que se vinculan con el fenómeno de la pobreza. Pero, según Veleda, “hay que ir a una concepción del servicio alimentario no tan centrado en déficit de la pobreza, sino en la función pedagógica en lo relativo a lo nutricional”, que integre a una mejor calidad de vida buenos hábitos alimentarios y de actividad física.

En el momento epidemiológico-nutricional de la Argentina (ver aparte) “la cuestión de los comedores escolares adquiere una relevancia estratégica”, dijo a LA NACION Sergio Britos, nutricionista y director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía en la Alimentación (Cepea).

RADIOGRAFÍA DE LA VULNERABILIDAD

Problemas de nutrición en niños de 0 a 17 años en nuestro país

  • 4,5 millones de niños

Se alimentan en las escuelas de nuestro país. La mayoría de los alumnos proviene de sectores vulnerables y recibe diariamente el desayuno, el almuerzo o la merienda. Además de la alimentación se transmiten hábitos de higiene y nutrición.

  • 40% sobrepeso

El Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni) y la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota) estiman que el 40% de los chicos en edad escolar padece sobrepeso.

  • 37,2% niños pobres

En 2012, el Observatorio de la Deuda Social de la Infancia informó que el 37,2% de los niños de entre 0 y 17 años vive en situación de pobreza en nuestro país.

  • 21% inseguridad alimentaria

Según el Observatorio de la Deuda Social de la Infancia (2012), el 21% de los niños entre 0 y 17 años experimenta inseguridad alimentaria.

MUCHAS CALORÍAS, AZÚCAR Y CALCIO

Según el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía en la Alimentación (Cepea), una cuarta parte de los alumnos que comen en las escuelas ingiere un 20% más de calorías de lo debido; un 80% registra ingestas elevadas de azúcar y el 100% consume sodio por encima de la recomendado. Un desayuno inadecuado hace que más de la mitad no cubra su necesidad de calcio.

http://www.lanacion.com.ar/1679484-los-comedores-escolares-padecen-graves-problemas