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Sociedad: los chicos y el desayuno

La pelea de todas las mañanas: El 90% de los chicos desayuna mal y pone en riesgo su salud

Por Elena Peralta

Lo advierten expertos de la UBA. Eso provoca, en el corto plazo, pérdida de capacidad de atención, malhumor y dolor de cabeza. Y con el tiempo afianza costumbres que pueden multiplicar patologías.

29/09/13

Apagar el despertador, robarle 15 minutos más en la cama, vestirse a las corridas y salir sin casi nada en el estómago. ¿A la oficina? No, a la escuela. Los chicos están reproduciendo una costumbre de adultos que pone en peligro su salud. Sólo uno de cada diez chicos en edad escolar toma un desayuno nutricionalmente completo en su casa antes de ir al colegio.

La conclusión surge de los primeros resultados de una compilación de tres investigaciones que lleva adelante el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) y la Cátedra de Política Alimentaria en la Escuela de Nutrición de la UBA. El Centro está analizando la dieta de 1.250 alumnos de 87 escuelas en seis provincias y los primeros datos son preocupantes.

“Sólo un 10% hace en sus casas un desayuno de buena calidad nutricional”, asegura Sergio Britos, director del CEPEA. ¿Qué pasa con el 90% que queda? “Cerca del 40% desayuna algo insuficiente en sus casas y el 60% de las familias restantes supone que en la escuela le darán un buen desayuno, cosa que no termina sucediendo en todos los casos”, explica el nutricionista.

Britos dice que hay un mix de razones que explican por qué los nenes salen de casa con la panza vacía: “Hay un componente socioeconómico importante que suprime el desayuno por necesidad, pero también hay un porcentaje muy grande, que cada día crece más, de familias que pueden darle un desayuno completo a sus hijos pero que no lo hace por apuro, porque no quiere pelearse con los chicos para que tomen la leche o simplemente por una cuestión de hábitos”.

Los especialistas aseguran que se perdió la costumbre. “La excusa más habitual es la falta de tiempo. Hacemos todo por dormir más y creemos que quedarnos media hora más en la cama nos va a ayudar a no dormirnos durante el día mucho más que sentarnos a tomar el desayuno. Nada más errado”, define Silvio Schraier, director de la carrera de médicos especialistas en nutrición de la UBA y presidente de la Fundación Argentina de Nutrición.

“Durante las horas en que dormimos nuestro cerebro sigue funcionando y consumiendo glucosa, su principal combustible.

Cuando nos levantamos el cuerpo está con el tanque al límite y necesita llenarlo ”, explica Scharier.

No desayunar, asegura el nutricionista, es romper un ciclo biológico. Siguiendo con la metáfora del auto. Los chicos, en pleno período de crecimiento y desarrollo, gastan mucho más combustible que los adultos. Y no hacer las cargas a horario y con la nafta adecuada no tarda en hacerse notar. “Después sucede que los chicos tienen problemas de atención o les cuesta concentrarse. Se los termina derivando a la psicopedagoga, al oftalmólogo, al psicólogo. Y lo que necesitan es alimentarse correctamente”, agrega Schraier.

La nutricionista Mónica Katz le pone nombre científico: “produce neuroglucopenia, es decir falta de glucosa en el cerebro y entre sus síntomas están el mal humor y el dolor de cabeza ”.

María Florencia Silva, una de las nutricionistas que participa en el estudio, explica que saltearse la leche de la mañana tiene en el corto plazo consecuencias cognitivas como pérdida de la memoria, la fluidez verbal y la capacidad de atención. Y en el largo plazo, costumbres poco saludables que multiplican patologías.

“No desayunar conlleva malos hábitos nutricionales que se acarrean luego en la vida adulta. En principio, los chicos llegan con mucha más hambre en el almuerzo y probablemente coman mucha más cantidad e indiscriminadamente”. Un dato importante, teniendo en cuenta que entre el 35 y el 40% de los escolares argentinos tiene sobrepeso.

Britos asegura que cómo alimentamos a los chicos de hoy determinará cómo serán los adultos de mañana: “Los ayunadores crónicos tienen más chances de desarrollar resistencia a la insulina, la puerta de entrada a la diabetes y la colesterolemia. Además, si tenemos en cuenta que el 70% del calcio se incorpora a través de los lácteos, dentro de 40 años vamos a tener una generación con mucha más osteoporosis que hoy”.

Un desayuno nutricionalmente completo (Ver infografía) debería aportar no más de 300 calorías y no menos del 20% de la recomendación diaria de calcio. Tomar una colación lavada o un vaso de jugo no sirve de nada. El desayuno debería contener una buena porción de lácteos, fundamentalmente una taza de leche o un pote de yogur. Pueden ser semidescremados. “Después de los dos años, la grasa de la leche no es necesaria. Lo importante es el calcio. Y en un contexto de prevalencia de la obesidad infantil, no es recomendable cargar a los chicos de calorías vacías”, explica Britos.

Untar las tostadas con queso crema también ayuda.

“Si a los chicos les gusta, es preferible ofrecerles leche y dejar el yogur para otro momento del día. Por su procesamiento, pierden hidratos y proteínas que en la leche están en estado natural”, recomienda Schraier. “Más allá de vigilar la cantidad de azúcar, a esta edad no hay ningún prohibido, salvo que el niño sea alérgico o tenga sobrepeso. Tranquilamente puede comer un alfajor algunas mañanas y otras equilibrar con cereales”, autoriza Britos.

Salvar la comida que se tira

Consumo responsable

Salvar la comida que se tira

Por día, en la Argentina se desechan cientos de toneladas de alimentosque podrían canalizarse por medio de instituciones solidarias y ayudar a paliar el hambre

Por   | LA NACION

1703712w300.jpgERASon las 11.45 y las mesas ya están llenas en el comedor que la ONG El Pobre de Asís tiene en Coghlan. Allí desayunan, almuerzan, meriendan y cenan alrededor de 140 personas en situación de calle, en su mayoría hombres mayores de 40 años, pero también lo hacen mujeres y niños.

Uno de ellos es Luis, de 41, que hace uno y medio se quedó sin trabajo, estuvo viviendo tres días en la calle, pasó una temporada en el parador que el gobierno de la ciudad tiene en Retiro y hoy vive en una pieza alquilada en San Martín. Se acercó a la Fundación El Pobre de Asís para poder recuperar su vida y está librando esa batalle día a día. “Acá aprendí a manejar la computadora, me dieron ayuda psicológica y contención. Si no vengo a comer acá me voy a drogar”, sostiene este hombre que mientras termina una milanesa con arroz, cuenta que acaba de perder su trabajo, pero está buscando nuevas oportunidades.

A su lado está Daniel, de 54 años, que como también está desempleado va a la fundación desde la mañana hasta la noche. Además de tener aseguradas las cuatro comidas, Daniel aprovecha para ayudar con lo que haga falta. “Porque cuando uno está en la calle empieza a pensar en macanas y acá uno está contenido”, asegura.

Esta entidad es una de las 563 organizaciones beneficiarias de la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, gracias a la cual consigue cubrir el 25% de los insumos alimentarios de este comedor. Pero esta entidad también cuenta con el Centro Comunitario Padre Mujica ubicado en la villa 31, en el que todos los días se reparten 500 viandas para que los grupos familiares puedan cenar. Allí, el peso de los artículos recibidos de manos de la Fundación Banco de Alimentos es casi decisiva: el 65% se cubre de esta manera.

1703658w3002DAPor eso, en una Argentina en la que según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), alrededor de 2 millones de personas pasan hambre con frecuencia, genera indignación que todos los días cientos de toneladas de alimentos que podrían canalizarse de manera solidaria terminen en la basura.

Según el Estudio de calidad de los residuos sólidos urbanos realizado en 2011 por el Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires y el Ceamse, se estima que en la ciudad de Buenos Aires se tiran aproximadamente entre 200 y 250 toneladas de alimentos que podrían ser reutilizados por día, que representan a 550.000 raciones de comida. En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) esta cifra asciende a 670 toneladas por día, lo que podría utilizarse para generar 1.675.000 platos de comida. “Son productos alimentarios sin consumir o a medio consumir que podrían haber servido como alimento para otros. La solución consiste en cambiar los hábitos y las costumbres de la gente en la forma de comprar, y concientizarlos sobre que si no van a consumir algunas cosas, las pueden donar. La gente aprovecha las ofertas 3×1 porque es más barato, pero después termina tirando los productos. Cuando hacemos los estudios de calidad en verano vemos que la gente se va de vacaciones, desconecta el freezer y tira la comida congelada, que se podría haber donado a un comedor o buscado otro destino”, afirma Marcela De Luca, docente del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la UBA.

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La problemática del derroche de alimentos tiene escala mundial y cada país intenta resolverla a su manera. Según un reciente informe del Instituto de Ingenieros Mecánicos de Londres, la mitad de los alimentos que se producen en todo el mundo, equivalente a 2000 millones de toneladas, va a la basura. De acuerdo con esta institución, el mal almacenamiento, las fechas muy estrictas sobre vencimiento en el empaquetado y consumidores muy exigentes son las causas de este derroche.

Los desperdicios de alimentos son de distinta índole y se producen en cada eslabón de la cadena de alimentos: cultivo, producción, procesado, distribución, comercialización y consumo.

Las mayores pérdidas de alimentos se producen, principalmente, en las etapas de producción (cosecha, procesamiento y distribución), mientras el desperdicio de comida se produce con los minoristas y los consumidores en el final de la cadena alimentaria. Una gran cantidad de la pérdida de alimentos ocurre en la última etapa y una alta proporción después de que los alimentos hayan llegado al consumidor. Alrededor de la mitad son desechos inevitables, mientras que el resto son alimentos perfectamente comestibles que se tiran. Eso se debe al comportamiento del consumidor, las regulaciones de calidad, los precios del mercado y la mala coordinación de la cadena de alimentos.

Por ejemplo, esto es lo que sucede en los restaurantes, las cadenas de comida rápida y las cocinas para comercios, que a menudo tiran grandes cantidades de comida como resultado de su almacenamiento, preparación y forma de servirla, y casi igual después de servirla, a menudo porque las raciones son demasiado grandes y por la falta de formación de quienes manejan la comida.

En nuestro país son numerosas las trabas que llevan a que comida perfectamente en buen estado no llegue, en tiempo y forma, a las organizaciones que brindan asistencia alimentaria a los más necesitados. Barreras legales, fiscales, logísticas, financieras y educativas son las que hay que derribar para modificar esta situación.

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En este sentido, el trabajo que realiza a diario la Red Argentina de Banco de Alimentos junto con sus 17 bancos de alimentos para reducir el hambre y mejorar la nutrición de la población más vulnerable, es fundamental. Los bancos de alimentos actúan como un canal transparente y sustentable para las empresas de la industria alimentaria, productores agropecuarios y la industria supermercadista, captando donaciones de alimentos 100% aptos para el consumo humano, que por diversos motivos han salido de la cadena comercial, llegando así a quienes más lo necesitan.Los motivos por los cuales un alimento sale de la cadena comercial son variados: defectos en el envoltorio o envasado, fecha de vencimiento próxima, poco éxito en el mercado, productos estacionales, excedentes de producción y devoluciones.

“Hay zonas no explotadas, mercados a los que no podemos llegar por falta de recursos, infraestructura y fletes.En cuanto a alimentos secos dependemos mucho de las empresas, que en los últimos años han ajustado muchísimo su línea de producción y tienen mucho menor cantidad de productos que desperdician y pueden donar”, cuenta José Reboratti, miembro del Comité Asesor de la Red Argentina de Bancos de Alimentos.En cuanto a las pérdidas en la etapa de producción, Cecilia Theulé, directora ejecutiva de Solidagro Asociación Civil, sostiene que existen diferentes escenarios. Mientras que en el sector agropecuario (cereales y carnes, también azúcar) y en la cadena de leche, el desperdicio en la producción es mínimo porque la cadena productiva es de una enorme eficiencia. No sucede lo mismo cuando hablamos de frutas u hortalizas.

“La venden por anticipado y el excedente no se puede embarcar. Entonces, al no tenerse en terreno sistemas de conservación o de procesamiento (cámaras de frío o fábricas de transformación primaria o secundaria), se genera un problema de logística y se prefiere muchas veces tirar cerca del lugar de producción que intentar generar una cadena de conservación, transporte y distribución puntual para una carga”, dice Theulé, a la vez que agrega que en el caso de las hortalizas la producción está a veces atomizada y sus pérdidas globales pueden ser mayores, pero el impacto es más pequeño por los niveles de producción menores.

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¿Qué se puede hacer para mejorar este escenario? Generar un mayor diálogo creativo con otros actores de la sociedad (ONG, Estado y empresa) para encontrar modos de acercar el producto excedente o procesar el alimento para que efectivamente se incorpore en la cadena de alimentación con el mínimo desperdicio; estudiar los procesos a nivel de las cámaras (dentro de sus planes de RSE o sustentabilidad) para coordinar acciones complementarias entre empresas y productores primarios; promover procesos de concientización en el sector empresario y contar con otra estructura de fletes. “La pérdida de la red ferroviaria vuelve al productor dependiente del camión y por tanto encarece el transporte (atado indefectiblemente al costo de la nafta y a la oferta) y la distribución. Claramente ha sido una gran pérdida no contar hoy con la red de trenes que facilitaba el transporte de carga de los lugares de producción a los centros de abastecimiento, transformación o consumo”, expresa Theulé.

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En el caso de los restaurantes, las cadenas de comida rápida y las cocinas para comercios, a menudo suelen tirar grandes cantidades de comida como resultado de su almacenamiento, preparación y forma de servirla, y casi igual después de servirla, a menudo porque las raciones son demasiado grandes y por la falta de formación de quienes manejan la comida.

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Un ejemplo exitoso de alianza entre sector privado y social es la constituida por la Red Argentina de Bancos de Alimentos junto con el sector empresario. Sólo durante 2012 lograron distribuir 7100 toneladas de alimentos entre 1570 organizaciones (comedores, centros de apoyo escolar, centros comunitarios, hogares de niños y ancianos), llegando a 230.000 personas (el 73% son niños y adolescentes menores a 17 años). Pero el dato que resulta esperanzador -pero que a su vez nos interpela como sociedad- es que dadas todas las condiciones necesarias, esta red podría (en el lapso de 3 años) darle un destino solidario al doble de alimentos que hoy canaliza. Esto quiere decir que si se producen cambios que generen un mayor compromiso del sector empresario, se podría evitar que 7000 toneladas de alimentos por año terminen en la basura.

Si este círculo virtuoso resulta tan beneficioso para todos, ¿por qué no se expande por todos los rincones del país, alcanzando a todas las empresas y a todas las ONG necesitadas? En primer lugar, porque el marco legal que rige sobre este tema termina desalentando las donaciones.

La ley del Buen Samaritano, o ley Donal, establece un régimen para la donación de alimentos y limita la responsabilidad civil de los donantes de alimentos evitando que si una persona se intoxica o tiene algún inconveniente con algún alimento donado, la empresa no se vea perjudicada legalmente si ha realizado la donación de buena fe.

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En nuestro país, en diciembre de 2004 se aprobó la ley Donal sobre la base de un proyecto de Ley presentado por el entonces diputado Fernández Valoni. Pero en enero de 2005, el Poder Ejecutivo vetó su artículo 9, que trata sobre la responsabilidad civil de los donantes, dejando sin respaldo a las empresas frente a posible juicios .”Hace falta una ley que simplifique la donación de alimentos para las empresas. Desde ya que eso requiere condiciones básicas. El sector privado hoy no se quiere meter en una operatoria complicada y por eso el Estado tiene que simplificar el proceso y apoyar a las instituciones que están trabajando el tema”, sostiene Daniel Arroyo, ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación.

A pesar de no tener un respaldo legal, más de 200 empresas donan productos a los bancos de alimentos del país, porque confían en su forma de trabajo. “Nuestro modelo se basa en la trazabilidad y en la transparencia de nuestras actividades u operaciones. El donante sabe el recorrido que hace el alimento desde que sale de su depósito, pasa por el banco de alimentos, se clasifica, almacena y luego distribuye entre las organizaciones de ayuda comunitaria. Periódicamente se les envía un informe con el destino o uso que se realizó sobre su donación. A su vez están invitados a acercarse a los bancos de alimentos para conocer el trabajo por dentro, e incluso se desarrollan programas de voluntariado corporativo donde los colaboradores de las empresas participan de jornadas de clasificación de alimentos, actividad esencial para que los alimentos lleguen en tiempo y forma a quienes más lo necesitan”, dice Luis Eduardo Andreu, presidente de la Red Argentina de Bancos de Alimentos.

 
En todo momento del día, las personas revuelven la basura con el objetivo de rescatar alimentos en buen estado. 

Danone es una de las empresas que luego de la crisis de 2001 comenzó a donar periódicamente a la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires. “El problema es la logística para poder trasladar los productos. Nosotros utilizamos nuestra red de camiones para llevar las donaciones al banco, pero muchas empresas chicas alimentarias quizá ni siquiera saben que existe esta posibilidad y si saben, no lo hacen por el costo del flete”, explica Facundo Etchebere, director de Asuntos Corporativos de Danone.

Precisamente la logística es una de las principales limitantes de los bancos de alimentos para poder recibir más donaciones. José Reboratti, miembro del Comité Asesor de la Red Argentina de Bancos de Alimentos, explica que los bancos de alimentos son similares a una empresa de distribución y por eso tienen una capacidad que se adapta a lo que están recibiendo y pueden distribuir. “Por eso hay veces que hay donaciones que no se pueden realizar, porque no estamos seguros de que las podamos distribuir en tiempo y forma antes de que venza el producto. Sucede que realizan una donación importante de alimentos en una zona y no nos da el tiempo de explotarla por no tener la logística para llegar a otros bancos. Lo mismo nos pasa con los lácteos porque la mayoría de los comedores no tiene freezer y no puede continuar la cadena de frío”, comenta Reboratti.

En este sentido, Andreu -presidente de la Red Argentina de Banco de Alimentos- explica que como plan de acción tienen pensado incorporar algunos vehículos propios, mejorar las instalaciones de los depósitos con cámaras de frío para poder recibir y distribuir alimentos perecederos que por lo general tienen corta vida útil y deben ser consumidos en corto tiempo.

Por su parte, Candela Arias, gerente de Sustentabilidad y RSE de Carrefour, explica que la filosofía de la empresa es no tirar alimentos… o tirar la menos posible. “Y los aliados principales para esto son los bancos de alimentos. Todos los productos que no se pueden comercializar más, los llamamos merma. Tenés alimentos que por problemas de packaging no son aptos para comercializar, pero sí para el consumo. En la mayoría de los casos esto se dona al banco de alimentos”, explica.

Desde la Red Argentina de Bancos de Alimentos cuentan que los alimentos que más necesitan son leche larga vida o en polvo, dada la importancia nutricional en los primeros años de vida, a su vez que cualquier elemento de la canasta básica familiar.

En el caso de Molinos Río de la Plata, Adela Saenz Cavia, gerente de Asuntos Institucionales y Comunicación, explica que desde la compañía realizan un trabajo integrado muy fuerte entre producción, suplay chain (cadena de abastecimiento), logística y el área institucional para no tirar producto y canalizarlo a través de los bancos de alimentos.

“Incluso hay una parte de la merma -por ejemplo si una máquina falla y algo se cae al piso- que obviamente no se puede donar. Lo que tenemos es una red para reutilizarlo, por ejemplo, como alimentación animal”, explica Saenz Cavia.

Kraft es otra compañía que colabora desde hace muchos años con la Red Argentina de Banco de Alimentos. Incluso generaron una alianza para trabajar en un programa de recupero de frutas y verduras a nivel nacional. En dos años que lleva el proyecto se recuperaron más de 3.000 toneladas que fueron a comedores, que de otra manera hubieran terminado en un relleno sanitario o como comida para los chiqueros.

“Creo que para fomentar las donaciones por parte de las empresas, el Gobierno debería crear un régimen de donación especial para los alimentos y que la responsabilidad pase de mano en mano. Otra herramienta que también ayudaría es aumentar la tasa de descuento del impuesto a las ganancias que se aplica a las donaciones”, propone Pedro López Matheu, director de Asuntos Corporativos y Gubernamentales de Kraft.

Sobre este punto, Andreu agrega que desde el Gobierno se podría apoyar el trabajo de la Red mediante el impulso de una ley que favorezca y aliente las donaciones de alimentos, como por ejemplo la ley del buen samaritano. “Consideramos oportuno que el Gobierno fomente el trabajo que realizan las organizaciones de la sociedad civil, trabajando articuladamente y alentando su institucionalidad. A su vez, participando a través del apoyo económico con subsidios y recursos.”

Día a día, cientos de toneladas de comida terminan en la basura cuando otros millones de argentinos no tienen para comer. Pero increíblemente, la solución está al alcance de la mano: con pequeños cambios en los hábitos de consumo, reformas legales y fiscales, y un compromiso desde el sector empresario se puede acabar con el hambre en el país.

para saber más

 

 

Niños en peligro por la alimentación del siglo 21

“La alimentación actual de embarazadas y lactantes amenaza el desarrollo intelectual infantil”, afirmó el pediatra, Eduardo Álvarez durante el 2do. Encuentro Latinoamericano: “Temas selectos de nutrición infantil”. La alarma surge de los bajos niveles de consumo de alimentos que contienen DHA, un ácido graso fundamental para el desarrollo de las neuronas, crece día a día.

También es importante para el correcto desarrollo de todas las funciones neuronales el amor, la contención y la estimulación por parte de los adultos.

El aporte dietético que ingiere actualmente la población infantil no cubre con las recomendaciones de diversos organismos internacionales para una adecuada neuronutrición. El bajísimo consumo de pescados, importante fuente de DHA, durante el embarazo, la lactancia y los primeros 5 años de vida, atenta contra el desarrollo de las neuronas y la retina, lo cual impacta en la capacidad visual, e intelectual del bebé y futuro adulto.

Eduardo Álvarez, director médico para América Latina de Mead Johnson Nutrition, explicó durante el 2do. Encuentro Latinoamericano: “Temas selectos de nutrición infantil”, que el proceso de conformación neuronal es muy complejo y “necesita de la adecuada nutrición de la embarazada, porque es en esta etapa donde se dan los procesos más intensos del neurodesarrollo”.

Álvarez explicó que “el DHA tiene que ver con todos los procesos críticos del neurodesarrollo. El 60% del peso seco del cerebro humano es grasa y allí se encuentran los ácidos grasos que colaboran con fenómenos como el aprendizaje y la memoria… Y en los primeros cinco años de vida el cerebro humano crece un 85%. Por ello es tan importante la nutrición adecuada en esta etapa de vida”.

Pero, la adecuada nutrición para el óptimo neurodesarrollo implica mucho más que lo que el bebé y el niño ingieren. Se remonta a la forma en que se alimenta la mujer antes y durante su embarazo. Lamentablemente, “los neonatólogos y pediatras no hemos puesto el énfasis necesario en que se comprenda la importancia de la nutrición de la embarazada”, aseguró Álvarez. “La calidad de la mielina del sistema nervioso dependerá de la nutrición que tenga la madre durante la gestación. Conforme el cerebro se va mielinizando, se va sinaptizando, va desarrollando en tiempo y forma diversas características del neurodesarrollo. Por ejemplo la motricidad gruesa y la motricidad fina”, completó el especialista. Por este motivo, la madre debe tener un mayor consumo de DHA a través de la nutrición o mediante suplementos.

También es importante para el correcto desarrollo de todas las funciones neuronales el amor, la contención y la estimulación por parte de los adultos.

Respecto de la forma en que el cerebro obtiene el DHA, el Dr. Álvarez explicó que las vías directas están relacionadas con la nutrición en el embarazo, la lactancia materna, la fórmulas infantiles y la ablactación (alimentación post lactancia). Los alimentos que más DHA otorgan al organismo son los que contienen aceites omega 3, pero lamentablemente en la dieta actual de los niños y las mujeres embarazadas son mayores las cantidades de aceites omega 6 y las grasas trans. Es más, el profesional advirtió que varios estudios científicos han demostrado un aumento de la presencia de grasas trans en la leche materna y bajísimos niveles de DHA, lo cual hace una programación metabólica errónea.

En general, es poca la información disponible sobre la ingesta de DHA en los países latinoamericanos. Sin embargo, se sabe que los países donde más pescados, especialmente de agua fría, se consumen, la cantidad es mayor. Respecto del consumo de aceites, el de canola y de oliva es el que más DHA posee, “pero lamentablemente son los que menos se consumen”.

Otro fútbol es posible

 

Hace cuatro años que la Red Comunidades Rurales lleva a cabo una creativa campaña de acción solidaria en la Argentina y en otros 26 países

A nuestro país suele reconocérselo en todo el mundo por algunas costumbres, determinados comportamientos y ciertos atributos. El fútbol es uno de ellos. Pese a que desde hace algunos años los campeonatos locales han decaído mucho en calidad y la acción de las barras bravas ha teñido muchas veces de violencia y sangre lo que debería ser un espectáculo deportivo y comunitario, el fútbol nunca ha dejado de ser una sana pasión para la inmensa mayoría de los argentinos, y muchos de sus jugadores deleitan a millones de personas en casi todos los rincones del planeta. Un apasionante lenguaje global que derriba muros, trasciende fronteras y se practica hasta en los lugares más olvidados.
Para los chicos ,”jugar a la pelota” en un recreo o al salir de la escuela es algo tan natural como respirar. Especialmente en el ámbito rural. Estas características hicieron que una organización social, la Red Comunidades Rurales, se animara a implementar una creativa campaña anual. Cuatro años atrás, puso en práctica una idea: propuso a docentes, familiares de alumnos y miembros de la comunidad que pensaran y llevaran adelante una acción solidaria local para luego celebrarla, el último viernes de octubre, mediante un encuentro en el que los chicos jugaran al fútbol.

La consigna fue festejar lo que una comunidad es capaz de emprender cuando se une con un mismo objetivo. Con las nuevas tecnologías como aliadas y muchas ganas de compartir, las distancias geográficas se acortan y las diferencias culturales pasan a ser un rico ingrediente que amplía las fronteras del conocimiento.

De esa manera, se pudo mostrar en la práctica cómo es posible otro fútbol libre de toda violencia, ejemplo de solidaridad en pos de un ideal común y volcado a mejorar al prójimo y a la sociedad.

Fue así como 20.000 chicos, chicas y jóvenes en edad escolar de la Argentina y otros 26 países celebraron el 4º Encuentro Global de Fútbol Comunitario Rural. Con el lema “Otro fútbol es posible”, los adultos brindaron una vez más un inolvidable ejemplo; plantaron árboles, equiparon aulas y bibliotecas, construyeron plazas con juegos, realizaron campañas sobre nutrición, salud y medio ambiente, organizaron actividades culturales y todo tipo de acciones comunitarias.

También se llevaron a cabo videocharlas que permitieron unir el extremo norte de Jujuy con Tierra del Fuego, multiplicándose luego a Guatemala, Costa Rica, Cataluña, Nigeria y cientos de lugares. Fotos, testimonios y videos alimentan las redes sociales y tienen su lugar de encuentro en www.futbolrural.org.ar. Entre impulsores y organizadores este año la Red movilizó a más de 60.000 personas.

En definitiva, hubo 400 escuelas y comunidades rurales a lo largo y ancho del mundo que demostraron que otro fútbol es posible..

 

http://www.lanacion.com.ar/1523945-otro-futbol-es-posible

La deuda social / Las cifras cuadruplican a las del INDEC Uno de cada cuatro chicos en el conurbano tiene carencias básicas

Según un estudio de la UCA, durante el último año no se registró ninguna mejora

Viven hacinados, en una casa de techos y paredes precarias o en una construcción sin condiciones higiénicas. O no asisten a la escuela. Un 25,3% de los chicos que habitan en el conurbano bonaerense tienen marcada su infancia o adolescencia por la carencia de algo básico, que condiciona su desarrollo como personas.

En el promedio de los grandes centros urbanos del país, el índice no es tan diferente: el 22,2% de los menores de hasta 17 años tienen necesidades básicas insatisfechas (NBI), un indicador que mide la pobreza estructural, es decir, la que se refiere a condiciones de vida como las mencionadas y que va más allá de los ingresos mensuales del hogar.

Los datos surgen de la última Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), realizada en 5712 hogares por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). El capítulo sobre infancia de ese relevamiento muestra que entre 2007 y 2010 hubo una caída de 5,2 puntos porcentuales en el índice de NBI, mientras que en 2011 no se registró mejora alguna.

Entre los centros urbanos medidos, la ciudad de San Miguel de Tucumán y sus alrededores fue la que registró el índice más elevado de chicos con carencias básicas, con el 28,4 por ciento. El más bajo fue el de la ciudad de Buenos Aires, donde sufren necesidades el 12,7% de los menores.

Bajo el indicador de NBI entran quienes sufren una o más de las siguientes problemáticas: viven en casas con tres o más personas por cuarto habitable; la vivienda es precaria o sin servicios sanitarios básicos; en la familia hay menores de 6 a 12 años que no asisten a la escuela, o bien hay cuatro o más personas por ocupado con ingresos, siendo que el jefe de hogar alcanzó sólo el ciclo primario en su educación.

El índice muestra fuertes diferencias según el tipo de zona. En las urbanizaciones informales, como villas y asentamientos, el 76,5% tiene necesidades básicas insatisfechas. En los trazados urbanos formales de nivel bajo, la tasa es del 22,4 por ciento.

El informe de la UCA revela también que un 33,1% de los chicos vive en la pobreza por insuficiencia de ingresos en el hogar. El índice es bastante más elevado que el informado -sobre la base de la misma encuesta- para el promedio de la población, que resultó del 21,4 por ciento. En este caso, el indicador sí presentó una caída significativa en los últimos años: en 2007 era del 42,6%, una evolución en la que parece haber influido la creación de la asignación universal por hijo.

Los índices de pobreza por ingresos están muy lejos de los difundidos por el Indec: para el Gobierno sólo el 6,5% de la población total es pobre. La diferencia se da, básicamente, por la subestimación oficial de los precios de las canastas de productos usadas para definir quiénes, según los ingresos del hogar, son pobres.

Condicionantes para crecer

Además del indicador de NBI, y más allá de los ingresos y su suficiencia o no para la alimentación básica, otros aspectos del entorno familiar o social marcan y condicionan muchas veces a las personas en sus primeros años de vida.

Uno de esos factores es vivir con déficit en las condiciones de saneamiento, por falta de agua corriente y de cloacas. Según comenta Ianina Tuñón, investigadora y autora del informe sobre infancia del Barómetro Social, en ese déficit hubo “algún progreso” en los últimos años, ya que era del 50,7% en 2007 y cayó al 46,2% en 2011. Sin embargo, agrega, el problema afecta al 62,1% de los niños integrantes de familias de estrato social muy bajo, mientras que entre quienes habitan en urbanizaciones informales la tasa llega al 73,3 por ciento: en este caso hubo un incremento respecto de 2010, que podría explicarse por un crecimiento de la población en villas.

La cantidad de personas que habitan una misma vivienda afecta también la capacidad de desarrollo personal, según muestra el informe sobre infancia, que será presentado mañana a las 18.30, en una conferencia que se desarrollará en el edifico San Alberto Magno de la UCA, con el lema “La infancia argentina, sujeto de derecho. Progresos, desigualdades y desafíos pendientes”.

Dos de cada diez niños conviven, en los centros urbanos, entre tres o más personas por cada habitación. El mayor índice se da en el Gran Tucumán, con el 27,7%, mientras que en la ciudad de Buenos Aires es del 9% y en el conurbano, del 21,4 por ciento.

Cuestión ambiental

Tuñón destaca que otro aspecto que debería garantizarse es el de un medio ambiente adecuado. Sin embargo, un 47,8% de los menores de los centros urbanos vive en cercanías de fábricas que contaminan, de basurales o lugares de quema de basura.

Estas situaciones, según la investigadora, son de especial riesgo para la primera infancia, que es el momento de la vida en que hay mayor vulnerabilidad a enfermedades infectocontagiosas y que afectan los procesos de inclusión educativa y de socialización. Según el relevamiento -que contempla a las poblaciones de más de 60.000 habitantes-, es justamente entre los más pequeños -niños de 0 a 4 años- donde se da el índice más elevado de déficit en condiciones de medio ambiente, con el 50,3% expuesto a algún factor de riesgo.

http://www.lanacion.com.ar/1498740-uno-de-cada-cuatro-chicos-en-el-conurbano-tiene-carencias-basicas